Instrúyeme, Señor en tus leyes (Sal 118)

jueves, 26 de diciembre de 2019

BELÉN PARROQUIAL Y ADMIRABILE SIGNUM


Contemplamos los detalles de nuestro Belén Parroquial a la luz de la Carta apostólica Admirabile signum del Santo Padre Francisco:


El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: praesepium. El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (Jn 6,41).

Representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre. Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79).
¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor.

«Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (Lc 2,15), así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro.
Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros. Los pobres y los sencillos en el Nacimiento recuerdan que Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía.

Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado.

Con frecuencia a los niños —¡pero también a los adultos!— les encanta añadir otras figuras al belén que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos. Y, sin embargo, esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura. 
Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan..., todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.

María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. Jn 2,5).
Junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está san José. Por lo general, se representa con el bastón en la mano y, a veces, también sosteniendo una lámpara. San José juega un papel muy importante en la vida de Jesús y de María. Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia. Cuando Dios le advirtió de la amenaza de Herodes, no dudó en ponerse en camino y emigrar a Egipto (cf. Mt 2,13-15). Y una vez pasado el peligro, trajo a la familia de vuelta a Nazaret, donde fue el primer educador de Jesús niño y adolescente. José llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica.

El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos. El nacimiento de un niño suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida. Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido, entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño Jesús, percibían la presencia de Dios en sus vidas.

Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.
Ante el belén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo. Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia. No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición.

martes, 5 de noviembre de 2019

Monumentos al Corazón de Jesús en la Diócesis de Cartagena.



Abanilla
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Situado: junto a los restos de una antigua alcazaba árabe.












Altobordo (Lorca)
Situado: Centro ASPRODES Residencia Casa Madre.
2016.




Archivel
1962
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Altura: 5 m








Aviles
Situado: Junto a la carretera que une esta población con Bullas.

Barinas
1958
Autor: Nicolás Martínez Ramón



Cartagena (Barrio Peral)
Imagen del Corazón de Jesús adaptada al Monumento Nacional del Corazón de María.
Bendecido el 24 de Octubre de 1943, en una misa de campaña, en la que se consagró el Barrio al Corazón de Jesús y se renovó la consagración al Inmaculado Corazón de María.





Corvera
1949
Autor: Nicolás Martínez Ramón.












Dolores de Pacheco
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Situado: plaza de la Iglesia.












El Berro
1958
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Altura: 5 m
Situado: Cerro del Cristo






El Palmar
Situado: Sobre el campanario de la Parroquia. Destruida por agentes medioambientales.









El Cantón (Abanilla)
Situado: Está situado en lo alto de la loma del Viento, en una cantera de mármol, junto al cementerio de la localidad.







La Escucha (Lorca)
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Altura: 5 m
Situado: Junto a la Capilla Expiatoria del Sagrado Corazón de Jesús situada a 6Km de la carretera RM-620 (Purias-Pulpí).





La Santa de Totana
1958
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Altura: 9 m











La Palma
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Situado: En la Plaza del pueblo.












Librilla
1951
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Altura: 6 m
Situado: En la Plaza del pueblo.











Lorca
1955
Autor: José Planes. Monumento diseñado por el arquitecto Gaspar Blein.
Monumento erigido en la Plaza de España, fue desmontado en 1970 y la escultura fue ubicada en el Claustro de las Siervas de María.

Macisvenda
Bendecido el 24 de Junio de 1995





Monteagudo
1926
Autor: Anastasio Martínez Hernández.
Altura: 10 m
El proyecto del monumento al Corazón de Jesús de Monteagudo se inició en 1921, bendecido el 31 de Octubre 1926, fue destruida en 24/11/1936.

1951
Autor: Nicolás Martínez Ramón. Hijo de Anastasio Martínez Hernández.
Altura: 14 m
Bendecida el 28/10/1951, sustituye a la destruida en 1936. Su inauguración con la Consagración de la Provincia de Murcia, fue portada del periódico ABC 31/10/1951.
Es el monumento más famoso de todos.








Murcia: Seminario Mayor de San Fulgencio
2015
Situado: En jardín de la entrada.
Imagen realiza en serie.





Ojós
1955
Autor: Nicolás Martínez Ramón.











Puerto de Mazarrón
1948
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Altura: 6 m
Situado: En el monte de Santa Catalina.
Sustituye a uno erigido en 1924.









Sangonera la Seca.
2009
Situado: En el atrio de la Parroquia de San José.
Imagen realiza en serie.









Sanatorio de la Sierra Espuña
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Actualmente el edificio se encuentra abandonado y se ha retirado la imagen.








Villanueva del Segura
Situado: ladera de la montaña cercana a la población.












Ulea
1947
Situado: En ladera de la montaña cercana a la población.








Yecla
1951
Situado: Santuario del Castillo, sobre las dos torres, imágenes de los Sagrados corazones de Jesús y María.



Zarcilla de Ramos
Autor: Nicolás Martínez Ramón.
Situado: Monte del Calar, en las cercanías de la población.







miércoles, 29 de mayo de 2019

TESTIMONIO DEL SEMINARISTA ROMEO MINSABA


TESTIMONIO DEL SEMINARISTA ROMEO MINSABA




Me llamo Romeo Minsaba Jean Marcel, tengo 24 años. Soy seminarista de la Diócesis de Idiofa en la República Democrática del Congo, antes llamado Zaïre. Llevo ya casi 5 años de seminarista, después mis estudios primarios, secundarios y humanitarios en el Seminario menor Santa Teresa del Niño Jesús de mi diócesis, manifesté la voluntad de formarme para ser sacerdote. Decidí escribir una carta a mi Obispo D. José Moko Ekanga, para pedir la admisión como seminarista en su diócesis y empezar así los estudios apropiados que me llevaran hasta el sacerdocio.
El Sr. Obispo me respondió afirmativamente y me envió a estudiar filosofía en el Seminario Mayor San Agustín. Es un seminario interdiocesano, que reúne cinco diócesis de nuestra provincia eclesiástica. Estudié los tres años de filosofía y tras ellos tenía que hacer un año de practica antes de empezar la Teología. Pero por sorpresa, mi Obispo decidió mandarme, junto con un compañero, a estudiar la Teología a la Diócesis de Cartagena, en el Seminario Mayor San Fulgencio.
La formación a la vida sacerdotal exige muchos sacrificios; y conlleva unas dimensiones: intelectual, espiritual, humana, pastoral, comunitaria.... y además cada seminario tiene sus costumbres. He encontrado nuevas costumbres, que tenía que interiorizar, y una de ellas, es lo que voy a contar: mi primera experiencia de pastoral en la parroquia de San José de Sangonera la Seca.
El equipo de formadores del seminario, como todos los años, envía a los seminaristas en diferentes lugares, como parroquias o residencias de los ancianos... para así ayudar a los sacerdotes, los ancianos, los enfermos. Mi primera, he hecho una experiencia inolvidable de la pastoral. Los equipos de formadores del Seminario me mandaron con D. Francisco Azorín Martínez, párroco de San José Sangonera la Seca.  Mi tarea era ayudar los catequistas a la catequesis, visitar los enfermos, ayudar a la misa, rezar las vísperas.
Al principio, tenía miedo, estaba nervioso. Ya que no se hablar bien español, me preguntaba cómo voy a vivir con el sacerdote, cómo me va a tratar... Reconozco que tenía muchas preocupaciones, pero desde el primer día de la pastoral, y después al volver al Seminario, me sentía cómodo.  Tenía dificultades para transmitir lo que conozco a causa de la lengua. Pero los chicos de la catequesis han sido muy amables, y son fantásticos he aprendido mucho de ellos, hasta he aprendido muchos vocabularios con ellos.
Siempre he tenido el apoyo y la consideración del párroco. Los catequistas, conociendo mi dificultad de la lengua me han animado a seguir hablando con los chicos, corrigiéndome cuando era necesario. Me he gustado mucho esta experiencia. Además, he participado casi a todas las actividades muy importantes de la parroquia: visitando a los enfermos, cantando villancicos por la calle con el Niño Jesús, el Belén viviente infantil, en la Fiesta de San José y en otras muchas actividades.
He aprendido mucho del Párroco, me ayudado a usar el misal español, a ayudar al altar, he aprendido la importancia de los archivos, e incluso he aprendido a cómo realizar una partida del bautismo. Ahora, he terminado la labor pastoral en esta parroquia; y he querido que mi Obispo, al llegar a España, también visitará esta parroquia que me ha acogido, esto fue el pasado día 14 de mayo. 
Doy gracias a Dios por todos los cristianos de esta parroquia, a todos los chicos y chicas de la parroquia y también a mi formador D. José Antonio, que nunca rechazaba cuando el párroco me invitaba a que fuera en otros días no previstos. A D. Francisco Azorín Martínez, el párroco, quiero decirle Gracias por todo, por su ayuda, por su apoyo. Que Dios les bendiga siempre. Os pido que recéis siempre por nosotros, los seminaristas para que se realice este largo proceso seamos verdaderamente, santos ministros y sacerdotes, según el Corazón de Jesús. Nosotros también rezamos por todos vosotros. Gracias.